
Cuando ETA Hoffmann nos presentó a su gato, dijo que era “persona de costumbres dulces y agradables”. Después, el propio Murr nos confesó “que posee espíritu, entendimiento y afiladas garras” y que estaba dispuesto a todo con tal de dejar clara su gatuna visión de la vida y los hombres, las artes y las letras.
Contra todo pronóstico, y a pesar de lo que creyó Hoffmann, Murr no ha muerto. ¡Viva el gato!
Ahora vuelve a las andadas para sacar a la luz sus aventuras del siglo XXI, en las que, desde la música (avant toutes les choses) salta a la escritura (crítica, poética), al dibujo, al tejado de Miesmies, a los manuscritos del maestro Abraham…